jueves, septiembre 21, 2006

EL ARTE DE SIMULAR .....FRENTE A LOS HOMBRES

Los hombres esperan que reaccionemos mal, y en verdad, no se nos mueve una pestaña. Nos creen bajo control, y estamos a punto de estallar. Un parpadeo inadecuado puede ser el principio del éxodo, y no lo notan. Tampoco que babeamos por un gestito suyo que pasó inadvertido. Filtramos emociones, procesamos información, sabemos cómo, dónde y cuándo mostrarnos.
Un hombre interesado en nosotras no demorará mucho en desplegar la lista de virtudes que prioriza en una mujer. Si el primero que las enumeró las hubiese registrado, hoy seguiría cobrando millones por "copyright". Porque ocho de cada 10 varones repiten prácticamente lo mismo. La mujer que valoran debe ser, antes que nada, sincera, transparente, frontal... Es curioso que tantos encumbren lo mismo. ¿Será que realmente lo valoran o detrás de ese podio se ocultan preferencias menos venerables? ¿Porqué piden eso? Una respuesta casi obvia que lo hacen para contar con una suerte de declaración jurada (nuestra) de previsibilidad.
Casi tan (aparentemente) ingenua como algunas preguntas que aparecen en las solicitudes de visa para ingresar a los EEUU: "¿Piensa Ud .desarrollar actividades terroristas en el territorio de USA?". ¡Ay, señores nuestros...! ¿Intentan poseer una prueba irrefutable de que seremos algo controlable en sus vidas, y no una amenaza inconfesa? ¿Y quien puede tomar cualquier respuesta como un testimonio inmaculado? A ver, tratemos de hacer justicia: cada varón es un buscador nato. Una especie de minero dispuesto a desentrañar gemas diversas. No desprecia algo de bijou, pero -lo considere o no en sus planes- desea deslumbrarse en el cenit de sus ambiciones: la esmeralda perdida. Y nosotras sabemos que las buenas piedras no se reconocen en bruto y sin pulir, así que desplegamos una batería de sutilezas inagotables. ¿Conclusión? La sinceridad que nos piden sobreentiende, en nuestra cultura, maneras civilizadas del engaño, pequeñas ficciones. Simulacros y destrezas tales como ser diplomáticas, estratégicas, consideradas, especuladoras, complacientes... hasta ahí no más. Y la lista sigue, uds. saben.
No hablaremos aquí de ese fingir, consensuado como pecado capital desde que en la pantalla lo blanqueó Sally, en plena cafetería. Hablemos del resto, de los mil pecados veniales con que habremos de prosperar o desencantarnos. Quien sabe. Repasemos algunas situaciones en que un caballero, propicia nuestra "diplomacia" y los sutiles personajes en que nos travestimos.
LA CYBER SIMILADORA Vamos a un sitio de encuentros por internet. No pasa media hora sin que se nos presente un señor dispuesto a seducirnos. Manera de escribir, foto o simpatía, nos mueven a consultar el perfil que redactó para describirse y brindar ciertos indicios. Entonces leemos -después de ominosas señas personales como "caucásico, bebedor ocasional, de religión otra y ojos grises-.. "Soy frontal...Busco a una mujer auténtica, sincera...Soy muy simple..." Hummmm. Porque no nos tragamos esa marquesina seguimos sondeando. Sabemos -o confiamos- en que detrás hay un hombre -nunca se sabe- que trata de impresionarnos y hasta se le escapó un mensaje cortito, encantador, que lo rescata. Nos mostramos agradables y le damos un poco de sedal. A partir de allí procesaremos como máquinas y pueden surgir varias instancias en que llevaremos con habilidad el vínculo (o lo eyectaremos sin vueltas).
////// CONTINUARA ///////

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